| Surrealista
cortometraje japonés que cuenta la historia de una cabeza-montaña
o una montaña-cabeza. Un hombre que no desperdicia ni los huesos
de las cerezas descubre un día que le está creciendo una
planta en la parte superior del cráneo. Cuando renuncia a podarla
comienza a crecer y crecer hasta convertirse en un cerezo, el árbol
nacional de Japón. Muy pronto se convierte en un sitio muy popular
al que la gente va de excursión. No hay que olvidar los problemas
de espacio en las ciudades niponas, por lo que cualquier lugar de esparcimiento
es bienvenido, sea el que sea. Las perspectivas desaparecen en este corto
punteado por el sonido del shamisen y premiado en Annecy, que
por momentos recuerda algunos trabajos del gran Bill Plympton (como Nose
Hair) por su utilización del cuerpo humano, su humor bordeando
siempre el absurdo y su libertad a la hora de dibujar. |