Hay un tipo, dentro del espejo, que me mira con cara de conejo. Una vez al año. Siempre puntual. Desde 1989. Viene a verme con la llegada del nuevo número especial para la Semana de Terror de Donosti. Me observa. Me da una hoja arrugada. Está sucia y llena de dibujos extraños de películas, monstruos, libros, cine y pesadillas de gozo y muerte. Sonríe. Se frota las orejas y desaparece. Tengo frío. Me siento bien.